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29 Mar 2026

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor | Domingo

Primera Lectura (Isaías 50:4-7)

4 El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo para saber alentar al abatido con palabra que incita. Por la mañana, cada mañana, incita mi oído a escuchar como los discípulos. 5 El Señor Dios me ha abierto el oído, yo no me he rebelado, no me he echado atrás. 6 He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a quienes me arrancaban la barba. No he ocultado mi rostro a las afrentas y salivazos. 7 El Señor Dios me sostiene, por eso no me siento avergonzado; por eso he endurecido mi rostro como el pedernal y sé que no quedaré avergonzado.

- Palabra del Señor.

- Gracias a Dios.

Responsorio (21,8-9.17-18a.19-20.23-24)

- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

- Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre, si tanto lo quiere.» 

- Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. 

- Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. 

- Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel. 

Segunda Lectura (Filipenses 2:6-11)

6 El cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, 7 sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y, mostrándose igual que los demás hombres, 8 se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Y por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre; 10 para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, 11 y toda lengua confiese: «¡Jesucristo es el Señor!», para gloria de Dios Padre.

- Palabra del Señor.

- Gracias a Dios.

Anuncio del Evangelio (Mateo 27:11-54 - Forma breve)

— El Señor esté con vosotros.

— Y con tu espíritu.

— Proclamación del Evangelio de Jesucristo + según San Mateo. 

— Gloria a Ti, Señor.

Narrador 1: 11 Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó:

Asamblea: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»

Narrador 1: Respondió Jesús:

Sacerdote: «Sí, tú lo dices.»

Narrador 1: 12 Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada. 13 Entonces le dice Pilato:

Lector: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»

Narrador 1: 14 Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido. 15 Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran. 16 Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.17
Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato:

Asamblea: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?»

Narrador 2: 18 pues sabía que le habían entregado por envidia. 19 Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer:

Mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»

Narrador 2: 20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Y cuando el procurador les dijo:

Asamblea: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»

Narrador 2: Respondieron:

Asamblea: «¡A Barrabás!»

Narrador 2: 22 Díceles Pilato:

Lector: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?»

Narrador 2: Y todos a una:

Asamblea: «¡Sea crucificado!» -

Narrador 2: 23 preguntó Pilato.

Lector: «Pero ¿qué mal ha hecho?»

Narrador 2: Mas ellos seguían gritando con más fuerza:

Assamblea: «¡Sea crucificado!»

Narrador 1: 24 Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo:

Lector: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»

Narrador 1: 25 Y todo el pueblo respondió:

Asamblea: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»

Narrador 1: 26 Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado. 27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte.

Asamblea: 28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura;

Narrador 1: 29 y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo:

Asamblea: «¡Salve, Rey de los judíos!»;

Narrador 2: 30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. 32 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz. 33 Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,

Narrador 1: 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo. 35 Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes. 36 Y se quedaron sentados allí para custodiarle. 37 Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena:

Asamblea: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»

Narrador 1: 38 Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:

Asamblea: 40 «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»

Narrador 2: 41Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo:

Asamblea: 42 «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios."»

Narrador 1: 44 De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él. 45 Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. 46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz:

Sacerdote: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?»

Narrador 1: Que quiere decir:

Sacerdote: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»

Narrador 1: 47 Al oírlo algunos de los que estaban allí decían:

Asamblea: «A Elías llama éste.»

Narrador 1: 48 Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber. 49 Pero los otros dijeron:

Asamblea; «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»

Narrador 1: 50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.(Todos se arrodillan)

Narrador 2: 51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. 52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. 53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. 54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:

Asamblea: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»

— Palabra de la Salvación.

— Gloria a Ti, Señor.

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