Color litúrgica:Verde
03 Feb 2026

4º Semana del Tiempo Común | Martes

Primera Lectura (2 Samuel 18:9-10, 14, 24-25, 30--19:3)

18, 9 Absalón casualmente se encontró frente a los hombres de David. Iba montado en un mulo y, al pasar el mulo por debajo del ramaje denso de una gran encina, la cabeza de Absalón se enredó en ella. Él quedó suspendido entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió su camino. 10 Un hombre lo vio y fue a comunicárselo a Joab: —He visto a Absalón colgado de una encina. 14 Entonces dijo Joab: —No quiero perder el tiempo contigo. Tomó entonces tres dardos en su mano y los clavó en el corazón de Absalón que todavía respiraba colgado del árbol. 24 David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela subió a la terraza de la puerta del lado de la muralla, levantó los ojos y vio a un hombre corriendo solo; 25 entonces dio un grito y advirtió al rey. Éste le dijo: —Si viene solo, es buena la noticia que trae. Al ir acercándose más, 30 El rey le dijo: —Apártate y quédate ahí. Se apartó y esperó. 31 Entonces llegó el cusita y dijo: —Traigo buenas noticias para mi señor, el rey. El Señor hoy te ha hecho justicia librándote de la mano de todos los que se levantaron contra ti. 32 Dijo entonces el rey al cusita: —¿Está bien el joven Absalón? El cusita contestó: —Que les suceda como a ese joven a todos los enemigos de mi señor, el rey, y a cuantos se levanten contra ti para hacerte daño. 19, 1 Entonces el rey se conmovió, subió a la estancia que está sobre la puerta de la ciudad y lloró. Entre lágrimas decía: —¡Hijo mío! ¡Absalón! ¡Hijo mío, hijo mío, Absalón! Si yo pudiera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío. 2 Y se lo comunicaron a Joab: —El rey está llorando y haciendo luto por Absalón. 3 Así, aquel día la victoria se cambió en luto para toda la tropa, pues aquel día todos oyeron decir: «El rey está desolado por su hijo».

- Palabra del Señor.

- Gracias a Dios.

Responsorio (Sal 86:1-6)

- Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy pobre y desvalido.

- Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy pobre y desvalido.

- Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy pobre y desvalido. Guarda mi alma, que soy un fiel tuyo. Dios mío, salva a tu siervo que confía en Ti.

- Ten piedad de mí, Señor mío, que te invoco todo el día. Alegra la vida de tu siervo, que a Ti, Señor, levanto mi alma.

- Pues Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con los que te invocan. Escucha, Señor, mi plegaria, atiende a la voz de mi súplica.

Anuncio del Evangelio (Marcos 5:21-43) 

— El Señor esté con vosotros.

— Y con tu espíritu.

— Proclamación del Evangelio de Jesucristo + según San Marcos.

— Gloria a Ti, Señor.

21 Y tras cruzar de nuevo Jesús en la barca hasta la orilla opuesta, se congregó una gran muchedumbre a su alrededor mientras él estaba junto al mar. 22 Viene uno de los jefes de la sinagoga, que se llamaba Jairo. Al verlo, se postra a sus pies 23 y le suplica con insistencia diciendo: —Mi hija está en las últimas. Ven, pon las manos sobre ella para que se salve y viva. 24 Se fue con él, y le seguía la muchedumbre, que le apretujaba. 25 Y una mujer que tenía un flujo de sangre desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho a manos de muchos médicos y se había gastado todos sus bienes sin aprovecharle de nada, sino que iba de mal en peor, 27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y le tocó el manto 28 —porque decía: «Con que toque sus ropas, me curaré»—. 29 Y de repente se secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad. 30 Y al momento Jesús conoció en sí mismo la fuerza salida de él y, vuelto hacia la muchedumbre, decía: —¿Quién me ha tocado la ropa? 31 Y le decían sus discípulos: —Ves que la muchedumbre te apretuja y dices: «¿Quién me ha tocado?». 32 Y miraba a su alrededor para ver a la que había hecho esto. 33 La mujer, asustada y temblando, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le dijo toda la verdad. 34 Él entonces le dijo: —Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu dolencia. 35 Todavía estaba él hablando, cuando llegan desde la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: —Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas ya al Maestro? 36 Jesús, al oír lo que hablaban, le dice al jefe de la sinagoga: —No temas, tan sólo ten fe. 37 Y no permitió que nadie le siguiera, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga, y ve el alboroto y a los que lloraban y a las plañideras. 39 Y al entrar, les dice: —¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme. 40 Y se burlaban de él. Pero él, haciendo salir a todos, toma consigo al padre y a la madre de la niña y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dice: —Talitha qum —que significa: «Niña, a ti te digo, levántate». 42 Y enseguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. Y quedaron llenos de asombro. 43 Les insistió mucho en que nadie lo supiera, y dijo que le dieran a ella de comer.

— Palabra de la Salvación.

— Gloria a Ti, Señor.

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